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Silvano Aureoles sinónimo de corrupción y violencia: Hugo Rangel

Morelia Michoacán a 20 de marzo de 2025.- El diputado petista Hugo Rangel no necesita alzar la voz para que su mensaje resuene como un eco implacable en la memoria de los michoacanos. Con una prosa incendiaria, el legislador dibuja el retrato de un sexenio que, según sus palabras, no solo saqueó el erario público, sino que sumió a Michoacán en un estado de descomposición política y social. En su discurso, Silvano Aureoles no es un exgobernador más: es el protagonista de una de las etapas más oscuras en la historia reciente del estado.

“Si los sueños de la razón engendran monstruos, los sueños del poder producen aberraciones”, sentencia Rangel, aludiendo al peligro de los gobernantes que convierten el poder en un fin en sí mismo. Lo dice con la firmeza de quien no está dispuesto a olvidar, de quien rechaza la desmemoria como moneda de cambio en la política.

El diputado revive un Michoacán donde la frivolidad y la opulencia se disfrazaron de gestión pública. Helicópteros ejecutivos, aeronaves sigilosas, una “Ciudad Salud” que quedó en promesas y ruinas. Entre números y cifras millonarias, la crítica se transforma en una acusación: el dinero del pueblo, dice, se convirtió en el lujo de unos cuantos.

Pero si el dispendio es una de las marcas del sexenio de Aureoles, la violencia es la otra. Rangel recuerda la sangre derramada, las ejecuciones extrajudiciales, las detenciones arbitrarias, la tortura. Un estado de sitio no declarado, pero palpable en cada calle, en cada hogar que lloró a sus muertos.

El verdadero daño, sin embargo, es más profundo. “El deterioro de la confianza ciudadana”, advierte, es la herencia más dolorosa del solio de Ocampo. Según datos que cita, en aquel entonces, el 85% de los michoacanos consideraba que la corrupción era la norma, y apenas uno de cada cuatro confiaba en el gobierno estatal. Rangel no solo apunta a Aureoles, sino a todo un sistema que permitió estos excesos, y a los operadores políticos que hoy buscan limpiar su imagen con nuevos colores partidistas.

El diputado cierra su discurso con una advertencia: la historia no perdona. “La sociedad michoacana revisará la historia, y sería bueno que muchos revisen su conciencia”. Lo dice con la certeza de que la justicia no es solo un proceso legal, sino también un juicio de la memoria colectiva.

En una política donde el olvido es estrategia, Hugo Rangel apuesta por la memoria. Y en su discurso, deja claro que no está solo.

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