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Sheinbaum: la radicalidad de los principios

Morelia Michoacán a 30 de junio de 2026.- La aprobación de Morena en México ronda el 44%; la de la presidenta, el 71. Pero no sólo eso: Claudia Sheinbaum es el liderazgo más popular de la izquierda en todo el mundo. La conclusión es obvia: el partido se tiene que parecer más a ella, de lo que ella al partido. La pregunta, inevitable: ¿cuáles son las raíces que, pese a todo, la mantienen tan afianzada?

A dos años de su gobierno podemos decir que la doctora ya ha enfrentado todo tipo de retos: desastres naturales que han cobrado vidas, personajes que, aunque no lo definen, se colaron en el movimiento, grupos fácticos contra el interés nacional… De 2024 a 2026, el etcétera es largo e incluye desde la coyuntura de un Mundial hasta un vecino abusador.

Y, sin embargo, no se mueve… Las élites económicas, políticas, culturales y mediáticas han hecho todo lo posible por tumbarla, pero no sólo no lo han logrado, sino que la robustecen más con cada intento. ¿Por qué? Porque responde con una fórmula que está en el espíritu morenista: la radicalidad de los principios.

“Ante las dudas, los principios; ahí no se va a equivocar uno, nunca”, pronunció recientemente con claridad inmejorable. No fue sólo una postura personal, también una declaración de origen: tomó la frase del expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien, a pesar de más de 20 años de campañas sucias en su contra, tiene el 70% de aprobación.

Fue también, hay que mencionar, un amable recordatorio: ser morenista es ser radical. Esta palabra, recordemos, proviene del latín radix, raíz, y ésta no sólo es el principio de una planta, sino aquello que sostiene al árbol, cuando crece. Los resultados que ha entregado Sheinbaum son prueba de que no hay mejor política que la radicalidad de los principios.

“No mentir, no robar y no traicionar al pueblo”, “Con el pueblo todo; sin el pueblo, nada”, “Por el bien de todos, primero los pobres”, “No puede haber gobierno rico con pueblo pobre”, “Al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie”, “El pueblo pone y el pueblo quita”, “Menos privilegios, más bienestar para el pueblo”, “Coordinación, sí; subordinación, no”.

Ser radical con los principios es tener la congruencia para llevarlos a la práctica, y no degradarlos a rango de eslóganes vacíos; es tener la valentía para defenderlos ante los golpes de quienes se asocian para sacar ventaja de la injusticia; es tener la cabeza fría frente a las provocaciones y los retos; es actuar siempre con humildad, con honestidad y con justicia.

Sobre esta base se ha echado a andar, y se ha profundizado, todo un andamiaje de programas sociales para los que no han tenido los privilegios de no requerirlos; toda una agenda de derechos, desde el incremento al salario mínimo hasta la jornada laboral de 40 horas y la construcción de un sistema de salud universal gratuito con tecnología de punta.

Se dice fácil. No lo es: es innegable que hay retos, como el combate al crimen, la reconstrucción de un Estado en los huessos por cuatro décadas de neoliberalismo y otros tantos derivados de la geopolítica actual. Pero los resultados son tangibles. Sólo no los acredita quien no los quiere ver, o quien no entiende que la transformación es un proceso.

Si bien no hemos crecido como nos gustaría, más de 13 millones de personas han salido de la pobreza; si bien hay una campaña permanente para mermar la confianza, la inversión extranjera directa es la más alta desde que hay mediciones; si bien aún vivimos los estragos de la “guerra contra el narco”, el homicidio doloso ha bajado 46% de 2024 a 2026. Como dice Sheinbaum: “Vamos por el camino correcto”.

Vienen tiempos que nos pondrán a prueba a quienes somos parte de este movimiento. Las fake news son el pan nuestro de cada día y hay millones de pesos invertidos en campañas sucias. Además, se vienen proceso electorales y hay mucha gente interesada en vernos divididos y divididas. No hay que darles el gusto. Recordemos: ante la duda, la radicalidad de los principios.

*Punto y aparte*

Pregunta para la cavilación: ¿es justo que el Consejo General del Instituto Nacional Electoral (CG-INE) haya desmantelado al Instituto Electoral de Michoacán (IEM), a tres meses del proceso electoral, por una falta que se cometió de buena fe, sólo para cumplir con sus obligaciones, y ante la omisión del Congreso de Michoacán para nombrar un contralor? ¿A quién le conviene o convendrá que esto suceda?

Sólo pregunto “Con Todo Rigor”. Espero sus respuestas.

¡Hasta la próxima!

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