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México tiene prohibido olvidar

Por Isabel Rodríguez

Morelia Michoacán a 1 de junio de 2026.- Hay discursos que hablan del presente y hay discursos que convocan a la memoria. El mensaje pronunciado en defensa de la soberanía nacional pertenece a esta segunda categoría. No se trata solamente de una respuesta política frente a acontecimientos coyunturales; es, sobre todo, un recordatorio de quiénes somos como nación y de las lecciones que la historia nos ha dejado.

México tiene prohibido olvidar.

Tiene prohibido olvidar las invasiones extranjeras que pretendieron arrebatarle su independencia. Tiene prohibido olvidar los momentos en que intereses ajenos intentaron decidir el rumbo de la República. Tiene prohibido olvidar los años en que las decisiones económicas y políticas parecían tomarse más allá de nuestras fronteras que dentro de ellas.

Pero también tiene prohibido olvidar a quienes hicieron posible que hoy exista una nación libre y soberana.

La historia de México está engrandecida por mujeres y hombres que entendieron que la patria no es una palabra vacía, sino una responsabilidad colectiva. Está construida con el sacrificio de Miguel Hidalgo, José María Morelos, Josefa Ortiz de Domínguez, Leona Vicario, Vicente Guerrero y Benito Juárez. Con la dignidad de quienes resistieron la invasión extranjera y con la determinación de quienes defendieron el derecho de México a decidir su propio destino.

Está escrita también por heroínas que durante mucho tiempo fueron relegadas de los libros de texto, pero que sostuvieron las luchas por la libertad, la justicia y la igualdad. Mujeres que demostraron que la soberanía de una nación también depende de la participación de su pueblo entero.

Por eso, cuando hoy se habla de soberanía, no estamos hablando únicamente de diplomacia o de relaciones internacionales. Estamos hablando de memoria histórica. Estamos hablando de la capacidad de un pueblo para recordar quién es y de dónde viene.

El discurso recuerda episodios dolorosos del pasado reciente: la represión en Atenco, la violencia en Oaxaca, el desafuero de Andrés Manuel López Obrador, la crisis de seguridad que marcó la llamada guerra contra el narcotráfico y los años en que amplios sectores de la población sintieron que el gobierno había dejado de representar los intereses nacionales.

Más allá de las posiciones políticas que cada ciudadano pueda tener, existe una reflexión de fondo que no puede ignorarse: una nación democrática necesita memoria. Los pueblos que olvidan terminan repitiendo sus errores. Los pueblos que recuerdan tienen la posibilidad de corregir el rumbo.

La soberanía no solo se defiende en las fronteras. También se defiende en las instituciones, en la información, en la capacidad de tomar decisiones propias y en la convicción de que ningún interés extranjero debe colocarse por encima de la voluntad popular expresada por los mexicanos.

La historia nacional ofrece una enseñanza permanente: cada vez que México ha actuado con dignidad, ha encontrado fortaleza. Cada vez que ha permitido que otros decidan por él, ha pagado costos muy altos.

Por eso, la defensa de la soberanía sigue siendo una causa vigente. No por nostalgia del pasado, sino porque la independencia nunca es una conquista definitiva. Cada generación está obligada a protegerla nuevamente.

México tiene prohibido olvidar porque la memoria es una forma de resistencia.

Y porque detrás de cada página de nuestra historia están las voces de quienes entregaron su vida para que esta nación pudiera caminar con libertad, con dignidad y con la frente en alto.

La soberanía mexicana no nació de la casualidad. Fue conquistada. Y l

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