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La espera que desgasta al magisterio; los maestros piden cambios en los comités sindicales 

Columna de Opinión 

Morelia, Michoacán, a 30 de enero del 2026.-  En el magisterio michoacano hay una sensación que no aparece en los discursos oficiales ni en los comunicados sindicales: la espera. No es una espera serena ni estratégica; es una espera tortuosa, cargada de incertidumbre, hartazgo y sospecha. Mientras las dirigencias de las distintas expresiones de la CNTE se preparan —o simulan prepararse— para el recambio en sus comités sindicales, los maestros de base permanecen atrapados en un limbo político y sindical que parece no tener fin.

La CNTE en Michoacán, históricamente combativa y protagonista de las grandes luchas magisteriales, atraviesa hoy una paradoja profunda: mientras se proclama como la voz de las bases, son precisamente esas bases las que menos claridad tienen sobre el rumbo del movimiento. Los procesos internos se dilatan, las decisiones se postergan y los liderazgos se aferran a estructuras que ya no responden a las necesidades reales del magisterio.

Cada vez resulta más evidente que algunos líderes sindicales no están pensando en la renovación democrática, sino en prepararse para permanecer en el poder. Nombres como Eva Hinojosa, de la CNTE Sección XVIII; José Luis Castillo Ferrer, de Poder de Base CNTE; y Jairo Mandujano aparecen en el centro de una estrategia que parece orientada más a la consolidación de sus liderazgos que a la transformación del sindicalismo magisterial. No se trata solo de ambiciones personales, sino de una lógica política que privilegia la permanencia sobre la legitimidad.

En las escuelas, en las zonas rurales y urbanas, en los pasillos de las supervisiones y en las reuniones improvisadas, la pregunta se repite: ¿cuándo habrá un verdadero cambio en la dirigencia sindical? No se trata únicamente de nombres o corrientes, sino de la posibilidad de que emerja una representación legítima, capaz de traducir el malestar cotidiano en una agenda sindical coherente y efectiva.

La espera es tortuosa porque no es pasiva. Los maestros de base siguen trabajando en condiciones adversas, enfrentando rezagos, precariedad laboral y un sistema educativo que exige resultados sin ofrecer garantías. Al mismo tiempo, observan cómo las distintas expresiones de la CNTE convierten el recambio sindical en una disputa de cuotas, espacios y control político, más que en una oportunidad para reconstruir la confianza con sus agremiados.

Pero hay un fenómeno aún más preocupante: los nuevos arreglos cupulares entre líderes sindicales han comenzado a provocar una desbandada silenciosa. Maestros que antes se identificaban con alguna expresión de la CNTE hoy se alejan, se repliegan o buscan otras formas de organización. La lógica de los pactos entre cúpulas, lejos de fortalecer al movimiento, está debilitando sus bases y erosionando su capacidad de movilización.

El riesgo es evidente: si el recambio se convierte en un simple reacomodo de élites sindicales, la fractura entre dirigencias y bases será aún más profunda. Y cuando la base deja de creer en sus representantes, el movimiento pierde su razón de ser.

El magisterio michoacano no está esperando milagros, está esperando congruencia. Espera que las expresiones de la CNTE entiendan que el tiempo político del sindicalismo no se mide en acuerdos cupulares, sino en la paciencia —cada vez más limitada— de miles de maestros que sostienen, día a día, la educación pública.

Porque en Michoacán, la verdadera lucha ya no es solo contra el gobierno o las reformas educativas, sino contra la inercia interna de un sindicalismo que, si no se renueva, corre el riesgo de quedarse hablando solo.

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