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ENTRE LOS PRINCIPIOS DE LA TRANSFORMACIÓN Y LA LUCHA POR EL PODER

Por Isabel Rodríguez

Morelia Michoacán a 29 de junio de 2026.- La política mexicana ha entrado, de manera anticipada, en la carrera por las quince gubernaturas que estarán en juego en 2027. Aunque el calendario electoral todavía marca distancia, en los hechos la disputa ya comenzó. Recorridos territoriales, reuniones privadas, posicionamientos mediáticos y la difusión de encuestas forman parte de un proceso que se ha acelerado en prácticamente todo el país.

Sin embargo, el desafío más importante para Morena no es ganar las elecciones. El verdadero reto consiste en preservar la esencia del movimiento que llevó a millones de mexicanos a depositar su confianza en el proyecto de la Cuarta Transformación.

Desde su origen, Morena se construyó sobre principios muy claros: no mentir, no robar y no traicionar al pueblo**. A ello se sumaron otros valores que dieron identidad al movimiento: la austeridad republicana, el ejercicio ético del poder, la cercanía con la ciudadanía, la prioridad por los más pobres, la lucha contra los privilegios y la convicción de que la política debe ser un instrumento de servicio y no de ambición personal.

No obstante, conforme el movimiento se convirtió en la principal fuerza política del país, también comenzaron a aparecer prácticas que en el pasado se criticaron severamente.

En distintos estados de la República se observan campañas adelantadas, disputas internas, grupos políticos enfrentados, descalificaciones entre compañeros de partido y una competencia que, en ocasiones, parece olvidar que Morena nació como un proyecto colectivo y no como la suma de aspiraciones individuales.

Algunos actores han confundido la legítima aspiración de participar con una lucha de intereses personales. Otros parecen haber perdido de vista que el objetivo central de la Cuarta Transformación no es la obtención de cargos públicos, sino la construcción de un país más justo, más igualitario y con mayores oportunidades para todos.

La presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, ha sido insistente en recordar que el movimiento debe conducirse con unidad, ética y apego a sus principios. Lo mismo ha señalado la dirigencia nacional de Morena: las candidaturas no deben convertirse en un factor de división ni en una disputa que termine debilitando al propio proyecto de transformación.

Y si este llamado tiene relevancia en el ámbito nacional, en Michoacán adquiere una dimensión todavía mayor.

Michoacán es uno de los estados más complejos del país. Sus desafíos en materia de seguridad, gobernabilidad, desarrollo económico, desigualdad regional y fortalecimiento institucional exigen algo más que popularidad o capacidad de movilización electoral.

El estado necesita liderazgos con experiencia, conocimiento del territorio y capacidad de construir acuerdos.

En este contexto, la definición de la coordinación estatal de los trabajos de defensa de la Cuarta Transformación se ha convertido en la primera gran prueba para el morenismo michoacano.

Entre los perfiles masculinos, las encuestas han colocado de manera recurrente a Carlos Torres Piña y Raúl Morón Orozco como dos de los actores con mayor posicionamiento.

Torres Piña ha construido una trayectoria que incluye responsabilidades legislativas, partidistas y de gobierno. Su paso por la Secretaría de Gobierno y su actual licencia al cargo de fiscal general le han permitido consolidar una estructura política con presencia en buena parte del estado.

Raúl Morón, por su parte, mantiene un capital político importante. Su experiencia como senador, exalcalde de Morelia y excandidato a la gubernatura lo mantienen como un actor de peso en la sucesión, aunque desgastado políticamente.

En el bloque femenino, Fabiola Alanís Sámano, se perfila con experiencia en el gobierno federal y la lucha de izquierda.También participan perfiles como Gladyz Butanda Macías , Gaby Molina y Celeste Ascencio Ortega, quienes representan nuevas expresiones políticas y aportan elementos distintos a la discusión interna del partido.

Sin embargo, más allá de nombres y encuestas, la pregunta de fondo es otra:

*¿Quién representa mejor los principios de la Cuarta Transformación?*

Porque la encuesta no debería medir únicamente niveles de conocimiento o intención de voto. También tendría que valorar la congruencia, la trayectoria, la cercanía con la gente, la capacidad de gobernar y el compromiso con los valores que dieron origen al movimiento.

La historia demuestra que los proyectos políticos suelen debilitarse cuando las ambiciones personales se colocan por encima de los principios.

Morena enfrenta hoy un desafío que es, al mismo tiempo, político y ético: demostrar que sigue siendo un movimiento diferente y que es capaz de procesar la competencia interna sin perder su esencia.

En Michoacán, esa prueba será particularmente importante.

La ciudadanía espera liderazgos responsables, cercanos y con capacidad de atender los grandes problemas del estado. Pero también espera congruencia y respeto a los principios que hicieron de la Cuarta Transformación un movimiento con un profundo respaldo social.

La sucesión de 2027 ya comenzó.

Y quizá la pregunta más importante no sea quién ganará la encuesta, sino quién está dispuesto a poner el proyecto de transformación por encima de los intereses personales.

Porque, al final, las candidaturas son temporales; los principios, en cambio, son los que le dan sentido y permanencia a cualquier movimiento político.

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