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Austeridad de aparador: Plan B entre golpes y simulaciones: el espectáculo de una transformación que se desmorona

Por Roberto Carlos Guevara 

Morelia Michoacán a 25 de marzo de 2026.- Lo ocurrido en el Senado de la República no es menor ni anecdótico: es el reflejo más crudo de un proyecto político que, lejos de consolidar instituciones, ha optado por degradarlas. Entre jaloneos, pellizcos, gritos y catorrazos, se discutió el llamado “Plan B”, una reforma que, en teoría, pretende transformar el sistema democrático, pero que en la práctica exhibe fisuras, improvisación y una peligrosa inclinación autoritaria.

La ausencia de los aliados en la sesión no fue casualidad, fue un mensaje claro: ni siquiera dentro del bloque oficialista existe consenso sobre una iniciativa que amenaza con debilitar los contrapesos democráticos del país. Hicieron vacío porque saben que el costo político será alto, porque entienden que no se puede defender lo indefendible sin pagar factura ante la ciudadanía.

Y mientras en la capital del país se libra esta batalla legislativa digna de un ring de lucha libre, en Michoacán la realidad es aún más alarmante. La inseguridad sigue siendo el pan de cada día, con regiones enteras prácticamente abandonadas a su suerte. El discurso de transformación se estrella contra una realidad donde la violencia no cede y donde la autoridad parece rebasada, cuando no ausente.

La llamada austeridad republicana, esa bandera que tanto presume la llamada Cuarta Transformación, ha quedado reducida a un simple montaje. Una austeridad de aparador, selectiva y conveniente, que no toca los privilegios del poder pero sí limita recursos esenciales para sectores clave. Se recorta donde duele al ciudadano, no donde incomoda al gobierno.

Pero quizá lo más indignante es la desconexión simbólica y política. Mientras Michoacán enfrenta una crisis profunda, desde el oficialismo se levantan sin pudor banderas de Cuba, en un gesto que raya en la provocación. No se trata de ideologías, se trata de prioridades. ¿Cómo justificar ese tipo de mensajes cuando hay comunidades enteras clamando por seguridad, por justicia, por atención?

La percepción es clara y cada vez más extendida: el gobernador parece más interesado en agendas externas que en resolver los problemas urgentes de los michoacanos. Y eso, en política, se paga caro. Porque la gente no votó por discursos internacionales ni por simpatías ideológicas, votó por resultados.

Como diría aquel viejo político, con una mezcla de ironía y hartazgo: “Si tanto les gusta Cuba, que se vayan a vivir a Cuba.” La frase puede sonar dura, pero refleja un sentimiento creciente de abandono y frustración.

La Cuarta Transformación prometió un cambio de fondo. Hoy, lo que vemos es un gobierno atrapado entre el discurso y la realidad, entre la simulación y el desgaste, entre la confrontación y la incapacidad de dar resultados. Y mientras tanto, el país —y particularmente Michoacán— sigue esperando respuestas que no llegan.

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