Por Roberto Carlos Guevara
Morelia Michoacán a 4 de marzo de 2026.- En Michoacán la llamada Cuarta Transformación dejó de pelear contra la oposición y comenzó a devorarse a sí misma. Hoy, los morenos de Raúl Morón confrontan a los morenos del gobernador Alfredo Ramírez Bedolla en una batalla que exhibe no solo diferencias políticas, sino una profunda incongruencia en el ejercicio del poder.
La memoria: hace cinco años, cuando gobernaba Silvano Aureoles, los hoy diputados de Morena se plantaron afuera del Congreso y de la entonces residencia oficial —hoy llamada Casa Michoacán— para denunciar lo que calificaban como “saqueo” y “privatización disfrazada”.
Las imágenes aún circulan en redes: pancartas, discursos incendiarios, acusaciones de despojo. Morena se asumía como el muro de contención frente a los abusos del poder.
Hoy, esos mismos perfiles legislativos impulsan o respaldan la desincorporación de predios bajo un gobierno emanado de su propio partido.
El poder y la amnesia selectiva
La pregunta que flota en el ambiente político no es menor:
¿Son 38 donaciones estratégicas para detonar inversión y desarrollo social, o 38 caprichos del Ejecutivo estatal?
Porque si antes era despojo, ¿hoy es economía procesal?
Si antes era atentado contra el patrimonio de los michoacanos, ¿ahora es visión administrativa?
La incongruencia es el talón de Aquiles de la 4T michoacana. Morena construyó su narrativa sobre la crítica al pasado, pero al llegar al poder se enfrenta a la prueba más dura: gobernar con la misma vara que exigía.
La fractura no es técnica ni jurídica; es política.
El grupo cercano a Raúl Morón marca distancia del gobernador Alfredo Ramírez Bedolla en una disputa interna que huele más a 2027 que a debate patrimonial.
Los “dimes” en pasillos legislativos hablan de canibalismo político. De fuego amigo. De ajustes de cuentas internos.
La 4T en Michoacán parece haber pasado de movimiento a facción Lo que está en juego no son solo 38 predios.
Está en juego la coherencia.
Porque el electorado no olvida tan rápido como algunos suponen. Y las hemerotecas menos.
¿Transformación o repetición?
Morena prometió ser distinto.
Prometió que el poder no marearía.
Prometió que las decisiones patrimoniales serían transparentes, justificadas y socialmente responsables.
Hoy enfrenta su propio espejo.
Si la desincorporación está sustentada en proyectos claros, en beneficio público comprobable y con absoluta transparencia, que se explique con datos y se rinda cuentas.
Si no, la narrativa de transformación se diluye en la misma lógica que antes criticaban.
La Cuarta Transformación en Michoacán tiene un dilema:
O demuestra que gobierna diferente, o confirma que el poder, sin importar el color, termina pareciéndose demasiado a lo que juró combatir.

