Por Isidro Galicia Ramos.
Morelia Michoacán a 6 de junio de 2022.- En el 2016 Manlio Fabio Beltrones renunció a la dirigencia del PRI, luego de que el tricolor perdiera siete de las 12 gubernaturas en disputa.
Aquella derrota histórica para el priismo en elecciones estatales, significó el rompimiento terso entre el presidente Enrique Peña Nieto y el entonces líder nacional, quien decidió dar un paso al costado.
Ahora, sin el partido en el gobierno y arrastrando una profunda orfandad política, el PRI de Alejandro Moreno Cárdenas “alito” se desdibuja hasta invisibilizarse como opción electoral.
Un caso similar es el Marko Cortés, dirigente del CEN del PAN, quien se sostiene con alfileres su permanencia en la dirigencia.
Los grupos dominantes al interior del albiazul, optaron por cuidar la institucionalidad del partido y evitar una ruptura de consecuencias insospechadas.
Marko y sus resultados al frente del partido, no legítima su continuidad como jefe político nacional, sin embargo, ahora preocupa más la unidad interna.
El ajuste de cuentas vendrá después.
Tras las derrotas electorales, los liderazgos de “Alito” y Marko están comprometidos; ninguno de los dos garantiza que sus respectivos partidos y que la misma coalición opositora compitan dignamente en los comicios estatales del 2023, así como en la elección presidencial del año siguiente.
Diría que el fracaso está consumado. Solo será cuestión de tiempo.
Ante la embestida electoral del fenómeno Morena, el PRI como el PAN necesitan de liderazgos caudillos, que retomen la autoridad política a “sangre y fuego” y generen nuevos escenarios de compromiso y lealtad duradera, que revitalicen las expectativas de las militancias y en sus propósitos hacia el futuro.
Como se dice en el fútbol, las formas de perder o ganar importan.

